Así comienza… Arrabal, Arrabal, Arrabal, arrabeaux, de Fernando Arrabal




Prólogo

(Fragmento)

José Antonio Gallardo Cubero

Apreciado lector, confieso —con carácter previo— que soy amigo de Fernando Arrabal desde hace más de veinticinco años. Lo nuestro, no es una amistad superficial, ni circunstancial. Es una relación muy cercana y especial tejida con el transcurso del tiempo, con confianza y con muchos momentos compartidos que han dejado huella. No te oculto que nuestra amistad, se ha ido intensificando en los últimos años… (¿acaso —posiblemente— tratando de recuperar todo el tiempo perdido?).

Esta cercanía me ha permitido conocerle de verdad. No solo al creador brillante y excepcional, sino al ser humano complejo, sensible, audaz y profundamente libre. Gracias a esta amistad, he tenido el privilegio de adentrarme en lo más profundo de su universo creativo: su teatro, su literatura, su poesía, su pintura… He podido comprender desde muy dentro la importancia de su obra en el panorama artístico internacional y también su fuerte e indudable impacto en quienes le rodean. 

Pero más allá de su legado artístico y cultural, he conocido al gran hombre que hay detrás del mito: generoso, educado, culto, autoexigente, lúcido y, a veces, enigmático e indescifrable, como solo los espíritus verdaderamente libres pueden serlo.

A lo largo de estos años, hemos compartido no solo largas conversaciones, confidencias y momentos inolvidables, sino también viajes. Viajes que nos han permitido descubrir lugares, personas y experiencias que han enriquecido aún más nuestra relación y mi comprensión de su mundo. Cada trayecto ha sido una extensión de nuestras charlas y una oportunidad para observarle en distintos escenarios; siempre fiel a sí mismo… siempre sorprendente.

Lo que aquí escribo —en este proemio— no nace, desde luego, de la distancia ni de la referencia. No es una mera recopilación de datos, ni —en modo alguno— una interpretación ajena o superficial. Es información real, vivida y absolutamente constatada.

Este prólogo es, por tanto, un testimonio íntimo, fruto de una amistad que ha resistido el paso del tiempo y que me ha permitido mirar a Fernando Arrabal no desde el escenario, sino desde lo más íntimo del alma.

***

Fernando Arrabal nació en Melilla, ciudad española situada —como es sabido— en el norte de África, el 11 de agosto de 1932. Desde ese inigualable y fantástico rincón fronterizo entre culturas, Arrabal comenzó a conquistar el mundo.

Hoy, a sus noventa y tres años, continúa siendo un icono épico e indiscutiblemente una figura imprescindible en el panorama literario, artístico y teatral contemporáneo. 

Su vigencia no solo se mantiene, sino que se renueva constantemente. Es uno de los dramaturgos y escritores vivos más influyentes e importantes, no solo en Europa, sino en todo el mundo.

Su obra, traducida a más de cincuenta idiomas, ha atravesado continentes, generaciones y sensibilidades; consolidando una universalidad que pocos autores alcanzan.

Arrabal es, sin lugar a dudas, el dramaturgo español actual más importante y universal. Su nombre resuena con fuerza en los escenarios de todo el mundo y su obra ha sido y es la más representada desde la segunda mitad del siglo XX; superando barreras idiomáticas, culturales y estéticas. 

El impacto de Fernando Arrabal no tiene límites fronterizos, ni grilletes. Su influencia se extiende más allá del lenguaje, de las convenciones culturales y de las disciplinas artísticas tradicionales.  Su obra dialoga con lo simbólico, lo filosófico y lo espiritual, y se convierte, sin duda, en un vehículo de expresión que trasciende lo meramente escénico y/o literario.

Su contribución al arte es total, abarcadora y profundamente única y singular. Desde sus piezas teatrales, cargadas de un fuerte impacto y lirismo, hasta sus incursiones en el cine, la poesía visual, la pintura y la narrativa, Arrabal ha dejado una huella indeleble en generaciones de creadores que han encontrado en él una fuente de inspiración y una invitación (¿inevitable?) al riesgo de la creatividad inexplorada.

La relevancia de Arrabal reside, también, en su capacidad para derribar muros imposibles. Se ha enfrentado con valentía a dictadores y tiranos, cuando ellos vivían; haciendo frente a sus (esperadas) represalias.

Arrabal, con una voz audaz y visionaria, ha defendido siempre la libertad, la justicia, la individualidad del ser humano y la dignidad de la persona. Se opuso (siempre se ha opuesto) con firmeza a los conflictos bélicos y a toda forma de opresión (frente a la creatividad, frente a la libertad de expresión, frente a la mujer, frente a las personas con discapacidad o diversidad funcional, frente a los marginados, frente a los débiles e indefensos, etc.), alzando su palabra cuando muy pocos se atrevían ni siquiera a mirar. Buena prueba de ello son obras como Pic Nic y Fando y Lis, escritas y publicadas en tiempos en los que visibilizar lo invisible era un acto, como digo, de absoluta rebeldía. Y todo ello, Arrabal lo supo convertir en arte. […]


Arrabal, Arrabal, Arrabal, arrabeaux


Andy Warhol, Bob Wilson y André Breton

Miércoles, 10 de enero de 2024

Todas las fábricas o fábricas o fábricas que han surgido aquí o allá, sin saber por qué, y muchas incluso de tendencia comunista, ¿quisieran parecerse a The factory (La fábrica) de Andy Warhol?

Una escena que Andy hubiera podido ver desde lo alto de su «fábrica»: un niño sordo intentó atravesar la calle 14 ante la incomprensión de un policía. Este incidente recuerda a otro policía perplejo, en el mismo lugar, más de diez años antes, con una bailarina-de-vanguardia decidida a que «un-arrabal-poeta» le pusiera un par de esposas.

Andy Warhol, cuando alquiló aquel loft, supo —y lo jaleó— que el antiguo propietario había sido el Partido Comunista. Yo siempre creí, aunque no dijo nunca ¿nada? al respecto, que el nombre The factory evocaba las actividades anteriores… Pero también, a veces, hablaba de fábrica en español, ¿por qué?

La peripecia del niño en la calle 14 originó la prodigiosa La mirada del sordo (Deafman Glance), de Bob Wilson. Por tercera vez vi la obra en París y me colocaron junto al poeta francés Louis Aragon. Precisamente años antes le había telefoneado para pedirle:

—¿Quiere formar parte del comité en defensa de los prisioneros cubanos en el gulag de la isla?

El poeta francés me dijo, atentísimo:

—Tengo muy presentes a todos los poetas presos, pero, desgraciadamente, no podría formar parte de ese comité pues ya formo parte de otro (Comité Central du Parti Communiste Français).

Luego añadió, aún más cordial, en español:

—Señor Arrabal, adoro su música.

Mientras me hablaba, creí reconocer la voz de su acompañante, un joven francés que oficiaba como su secretario y que, claramente, le apuntó la-metedura-de-pata: «Es músico». Aquel joven brillante había sido enviado a Moscú durante años a la Escuela de Mandos. Evidentemente, solo conocía un «arrabal»: los tangos argentinos.

Aragon, aquella noche, años después, estaba entusiasmado con la obra de Bob. Al final del prodigioso final se dirigió a mí y me dijo:

—Tengo mucho gusto en saludarle, señor Arrabal; me acabo de enterar de que todos los días con André Breton asiste usted al grupo surrealista. Por favor. Muy solemnemente. Una vez que hemos contemplado «esta-extraordinaria-máquina-de-libertad» con Deafman Glance, tenemos que reconciliarnos, André y yo.

En la madrugada del 28 de junio de 1971, alguna agencia de prensa internacional comunicó lo que dio como un hecho: la reconciliación surrealista.

Felizmente, tal precipitación me permitió no servir a la totalmente imposible misión de intermediario del creador del surrealismo con un miembro del Comité Central del Partido Comunista Francés.

A las seis de la tarde del día siguiente, como todos los días (salvo los domingos), los surrealistas, en torno a André Breton, nos reunimos en La Promenade de Vénus. Era la tertulia que añoraba desde que el destierro me había alejado de las «cacharrerías» madrileñas. Diariamente, durante años, asistí a la reunión presidida por André Breton. Allí se redactaron o reeditaron algunos pasquines con tino y trino como El surrealismo está al alcance de todos los inconscientes, Monte de Piedad e Introducción al discurso sobre la poca realidad. A partir de 1965, con André Breton, realizábamos la revista La Brèche.

Breton vivió durante cerca de medio siglo en un modesto pisito de dos habitaciones (small apartment, según The New York Times): 42, rue Fontaine. En él me recibía con el vaso de ron blanco del rito. En este retiro de monje vivió desde 1922, dos años antes de escribir el primer Manifiesto del surrealismo, hasta su muerte en 1966, a los setenta años.

Breton, en Nueva York, conoció a su última esposa con la lámina de Arcano 17 en la mano, la chilena Elisa. Hasta su muerte, esta viuda del silencio, del talento y de la elegancia, luchó por conservar el tesoro y el castillo de estrellas. Se le prometió crear la Fundación del Surrealismo o un Museo André Breton o la Mansión Internacional de la Modernidad de las Maravillas. Otros «exigieron» que se alzara «un espacio permanente de poesía».

De 1930 a 1933, André Breton dirigió la revista El Surrealismo al servicio de la Revolución, después se hizo cargo, con Marcel Duchamp y Max Ernst, de VVV. En 1931, André Breton escribió Unión libre. La palabra surrealista vale ¿por rareza de corral? Sobre todo para mandos «potemkines» que se sometieron y militaron (¿como Aragon o Siqueiros?) en las empresas más terroríficas del siglo xx y de sus titanes.

En 1925, André Breton escribió Nadja. Tres Esperanzas, tres Nadjas (Nadejdas) iluminaron las vidas de Lenin, Stalin y André Breton: Krúpskaya, Alilúyeva y la parisiense. Doce años después de que Breton publicara su primer poema en La Falange (que nada tenía que ver con la del Primo), la musa se les apareció a los surrealistas. Aquella aparición les enseñó lo que es fundamental aprender y nadie enseña: las relaciones de la poesía con la vida, el azar: el amor loco.


«Gritos de niños, gritos de mujeres, gritos de palomas», de Picasso

Lunes, 5 de febrero de 2024

Más o menos todo-el-mundo sabe que el genial cuadro, que Picasso terminó de pintar el 4 de junio de 1937, y que fue presentado en la Exposición Internacional de París por el propio presidente francés, fue realizado y expuesto por el pintor con el título de Gritos de niños, gritos de mujeres, gritos de palomas durante siete años.

Picasso decía que yo le había cassé-la-baraque en 1968, cuando le metí en el ¡lío tremendo de la ocupación del Colegio de España! En realidad, me sorprendió a mí su urgencia en responderme en mayo del 68 y en aceptar, en aquellos comienzos, la ocupación. Más valía no hablarle en aquellos tiempos del título.

Fue una de las hazañas que le ocurrieron a Iósif Vissariónovich Dzhugashvili mientras toreaba tremendamente a los grandes. Creo que Stalin me hubiera enviado al gulag, pero no puedo negar su gran talento. Se comprende que Wittgenstein viniera en barco (sí, sí) a verle para proponerle ser el profesor de sus mejores. Y, obviamente, también se comprende que el causante de centenares de miles de crímenes de inocentes suplicara (a lo Dostoyevski) al prodigioso Mijail Bulgákov para que no se fuera de Rusia, como el genio quería.

También, dostoievskianamente, Stalin tomó un tren en Moscú que le llevaría a Tiflis. En el viaje tuvo un mal que no conocemos ni los rusos ni los españoles. Stalin tenía trac, es decir, el canguelo irracional del actor al llegar al escenario o del orador al subir al púlpito. En el tren, Stalin temblaba ante la idea de ver a su extraordinaria mamá. Al llegar al andén, y al acercarse a su superdotada madre, Yekaterina Gueladze, Stalin le dijo sobresaltado, pero achicado:

—Mamá, tengo más poder militar que el mayor mariscal.

La madre no dijo nada.

—Mamá, tengo más poder judicial que el Tribunal Supremo.

La madre siguió callada.

—Mamá, tengo más poder en toda Rusia que el que tuvo el zar.

La madre respondió:

—¡Qué pena!, hubieras sido un magnífico pope.

El 5 de octubre de 1944, fue Stalin quien cambió el título del cuadro de Picasso ante el estupor y «cabreo» del pintor que, obviamente, con una novia tan especial como Dora Maar, no podía ni imaginar lo de Guernica.

¿Es escandaloso y un insulto para los espectadores (especialmente para los españoles) que el cuadro del Reina Sofía siga llevando el título estalinista y no el del genial pintor cuando lo realizó?



Barba azul

Jueves, 8 de febrero de 2024

Leo el Gilles de Rais (Gilles de Laval, sire de Rais), de Gilbert Prouteau. Siempre creí que había martirizado a ochocientos niños, puesto que había confesado sus crímenes «libremente», dirigiéndose a la multitud en la playa de Nantes. Él mismo contó cómo, entre otras salvajadas, arrancó los ojos de los adolescentes para eyacular en las órbitas. Desde Maeterlinck hasta Michel Tournier, centenares de escritores hemos creído esta fábula sin ni siquiera transformarnos en fabulistas. Fuimos fabuladores cuando creíamos comentar la Historia. Según Henri Laborit, el proceso de Gilles de Rais, tras las torturas inquisitoriales, «es el primer proceso estalinista de la Historia».

Hoy se sabe que el compañero de Juana de Arco, Gilles de Rais, bebía copiosamente, pero no como yo, Arizona con palitos de orégano, sino hypocras, cuya composición era: dos litros de Chinon, sesenta gramos de azúcar, diez de canela, ocho de vainilla y veinte de clavos de especia (clous de girofle). Si Michelet hubiera bebido este brebaje, quizás no hubiera justificado la exterminación del pueblo vandeano calificándola de «populicidio filantrópico».

El 26 de octubre de 1440, Gilles de Rais pide ser ejecutado en la misma playa de Nantes, pero acompañado, «como el Redentor», de dos de sus criados convencidos de asesinato. Esta petición con aires de blasfemia la acepta el propio obispo de Nantes. La muchedumbre llora desconsolada mientras el duque de Anjou y mariscal de Francia es clavado y muere en la cruz.


«¡Qué final de ópera!».

Lunes, 12 de febrero de 2024

… porque era él,

porque era yo…

Montaigne

La agonía de La Boétie la seguimos paso a paso. Tres días antes habla con Montaigne de su inminente desaparición como de un hecho indiscutible. Tiene treinta y tres años y su amigo tres menos. Teme que su mujer y su tío pierdan la razón. Nombra heredero a este, por cierto, tras un desayuno apropiado. Llora su mujer y suspira el tío cuando lega a su esposa parte de sus bienes. Dice Montaigne que, poco después de nombrarle sucesor de su biblioteca, con ternura, ses propos sont avec une telle assurance de cara y tal firmeza de palabra y de voz que confiesa: «Voy hacia Dios… a la buena de Dios».

Es el domingo 15 de agosto de 1563 y morirá el miércoles 18.

Dicta su testamento al notario tan deprisa que es imposible seguirle.

Sermonea largamente a su sobrina: «No te dejes llevar por los placeres».

Y no menos a Mademoiselle Ascot: «El vicio… me parece que ya solo la palabra es horrible».

A todos les despide para siempre: Adieu!

Todos lloran tras sus largos discursos.

Al hermano de Montaigne, protestante, le aconseja: «No sea usted tan áspero ni tan violento».

El lunes 16 bebe vino y hace un comentario en griego: «El agua es lo mejor».

Se confiesa de nuevo el martes 17.

Pide terminar en esta hora sus días.

Le suelta otro discurso a Montaigne, así como a Monsieur de Balot sin olvidar el latín.

Unas horas antes de morir, cuenta a Montaigne los efectos de la imaginación que acaban de ocurrírsele.

A su mujer le anuncia que le va a narrar un cuento.

De nuevo, bebe vino.

Le previene a Mademoiselle de La Boétie que llora: «Usted se atormenta antes de tiempo».

Repite: «Me voy».

Luego, a solas con su amigo, reza con voz cada vez más radiante y fuerte.

No cesa de aconsejar, comentar, discutir, hasta que a las tres de la mañana del 18, llamando a Montaigne una o dos veces, con un gran suspiro rindió el alma.

El genio midió con precisión el tiempo que le quedaba de vida con sus contemporáneos, rodeado del amor de sus amigos y familiares en su propia casa.


¿Musas?

Miércoles, 14 de febrero de 2024

En Japón, a Sesshū Tōyō, contemporáneo de Feliciano de Silva, se le considera como el maestro japonés de la pintura. De niño era tan alborotador que para castigarle le ataron a un árbol. Lloró tanto que con sus lágrimas dibujó un ratón. El animalito cobró vida y se puso a roer las ataduras. Una parábola que parece una representación más exacta del arte que la de «la-perla-y-la-ostra». Gracias a sus traumatismos y sufrimientos, el artista y el escritor alcanzan la poesía. ¿Qué hubiera sido si España no se hubiera encarnizado con los arra-beaux, como nombró André Breton a los tres hermanos condenados a muerte? Pero Tōyō hubiera preferido que no le ataran a un árbol.

En la misma época, el miniaturista Kamāl ud-Dīn Behzād adoraba a su señor, el sultán Muhammad Shaybani Khan. El joven sultán y rival Shah Ismaíl I, tras matar al idolatrado soberano de Kamal, le nombró director de su biblioteca, no sin antes haber vaciado el cráneo de Shaybani para hacerse una copa. A partir de ese día, Behzād pintó sus mejores miniaturas.

A los trece años, en 1484, Albrecht Dürer, en el mismo tiempo, se impuso una prueba que por su dificultad alcanza el dolor. Se autorretrató con la ayuda de un espejo dibujando con una mina de plata. La técnica no permite ni borrar ni corregir. Sentado en su genialidad, Dürer, amenazado por la catástrofe, realizó su primera obra maestra.

El paraíso terrenal

Lunes, 19 de febrero de 2024

En las últimas ocasiones, a Picasso le seguía entusiasmando haber comprado por cuatro perras, a un tendero de la calle des Martyrs de París, un auténtico aduanero Rousseau, hacía más de sesenta años, en 1908.

Si a alguien se le ocurría comentar: «Que usted haya descubierto nada menos que a un aduanero Rousseau en un chamarilero parisiense, prueba que usted es genial»; apreciaba el comentario más que ¿si se hubiera referido a sus cuadros?

Meses después de la compra, en 1909, como parranda-jolín, pero muy seriamente, organizó un banquete en homenaje al «aduanero». En su propio estudio, Bateau-Lavoir, con treinta tertulianos desde Gertrude Stein y André Salmon hasta el mismísimo Braque. (Bateau-Lavoir que, sin ninguna recomendación ni adehala o unto, hoy ocupa un amigo pintor japonés).

La pena es que no pudo venir Alfred Jarry, el verdadero descubridor de su paisano (Laval), treinta años mayor. Cuando el joven Jarry quedó estupefacto —y no era para menos— al ver en el Salón de los Independientes de 1894 el prodigioso cuadro El paraíso terrenal, el aduanero, consciente de su cateo por toda la crítica, le preguntó a Jarry:

—Pero, verdaderamente, ¿le gusta tanto este cuadro?

—Es simplemente sublime… pero ¿por qué me pregunta por este óleo?

—Soy Henri Rousseau. El autor del cuadro soy yo.

Precisamente, a la picassiana fiesta llegó el homenajeado con Guillaume Apollinaire, poeta genial que pasará a la historia, indebidamente, como el introductor del aduanero. Choteándose del viejo pintor, declamó unos versos que enaltecían las selvas siempre mexicanas donde crece «el mango y el ananás y donde los monos con sangre de sandías…», etc.

En realidad, certificaría que el aduanero y él (siempre y sin excepción, casariegos franceses) habían recorrido las selvas de México durante la expedición de Napoleón III para socorrer al emperador Maximiliano.

El aduanero, para mayor emoción, describirá una de sus insuperables telas, un cuadro de 1905 de tres metros por dos: Le lion, ayant faim…:

«El león, cuando tiene hambre, se lanza sobre el antílope, lo devora. La pantera espera con ansiedad el momento en que ella también podrá tener su ración. Los pájaros carnívoros han desgarrado cada uno un pedazo de carne del pobre animal, llorando. Es la puesta del sol».


La calle Tudescos

Martes, 20 de febrero de 2024

La calle Tudescos ya no es el lupanar cochambroso de mi época ni de la de Cervantes. Surgieron calles, se abrieron tiendas, se llenaron carteles por esto o aquello. En tiempos de Miguel, los carteles diferían. La grandeza y la sumisión ¿callejeaban como hoy sin verse?

El cero aguarda

Miércoles, 21 de febrero de 2024

A veces nos invade un sentimiento de melancolía ¿al contemplar la «efimeridad» implacable de la postura de un gato en la almohada?, ¿el color de una pared iluminada por el sol?, ¿el ademán de un viejo vagabundo al apresurarse? ¡Cosas que se van para nunca más volver! El cero ¿aguarda su momento?

La mariposa y la bola de acero

Jueves, 22 de febrero de 2024

Incluso nuestras vidas espirituales ¿están regidas por la entropía? Esta ley de la termodinámica señala que al cabo de un lapso de tiempo (millones de siglos-luz) no se podrán distinguir los restos de una mariposa de los de una bola de acero.

Arquero ciego

Viernes, 23 de febrero de 2024

El dudoso Alcibíades, que tanto dijo haber amado a Sócrates, describe a este como un «sileno (Σειληνός) mofletudo». Mi idolatrado y vacilante Schubert se califica a sí mismo de «tan obeso como una esfera plantada en otra esfera». La incertidumbre ¿fue siempre un arquero ciego?

Iluminados

Sábado, 24 de febrero de 2024

A veces la ilusión, ¿este desorden del comportamiento?, ¿impide apreciar la realidad? Los fieles de la secta rusa Skoptsy se cortaban ellos mismos los testículos sin más anestesia que la fe. Vivían y sufrían con la ilusión de acabar con el género humano pecador.

La pornografía (como el epicureísmo) exige ¿la demolición voluntaria de la realidad?, ¿con una disciplina y una moral a rajatabla?, ¿es una asombrosa forma de suicidio mental?, ¿de demolición voluntaria de la realidad demoliéndose a sí misma?

En España y en Rusia (como para corroborar el pensamiento de Dostoyevski) surgieron heterodoxos religiosos pornográficos como los iluminados. Como «la sociedad de cerdos», último avatar de la secta de los Skoptsy. Se reunían en familia y por la noche, los miembros de la cofradía, en la iglesia con un cirio encendido (en tiempos del Emperador Alejandro I). Primero apagaban los cirios, en la oscuridad: la orgía más desenfrenada se daba «para mayor gloria de Dios». Niñas y niños tomaban parte de la bacanal. Los burros, las cabras, las cochinas eran bienvenidas. Vivían en la provincia de Nizhni Nóvgorod y, sobre todo, en Semiónov. El jefe de familia ofrecía los favores de su hija al forastero que pasaba una noche. Se casaban, con la bendición de sus padres, los niños de catorce años con niñas un poco mayores.

Los alumbrados e iluminados españoles interpretaban personalmente la Biblia, creían en el contacto directo con Dios a través de visiones y experiencias místicas. Los khlysty, que nunca utilizaban la sal, se azotaban con una crueldad brutal. El pater familias se preparaba a lo Carlos V en un ataúd, para irse acostumbrando, y se servía de él como si fuera su cama.

La zarina llamaba a su marido, el zar Nicolás II de Rusia, Nick. Ambos concedieron al mujik siberiano (probablemente pornógrafo) Rasputín su primer puesto oficial: encendedor de velas de los iconos de palacio. Con este alumbramiento, la pareja imperial creyó ver alas donde solo había un abismo.

Alexei Navalny

Domingo, 25 de febrero de 2024

Alexei Navalny,

Poeta de la libertad,

Fue «liquidado»

El 16 de febrero

En una celda solitaria

Del «nuevo gulag»

Cerca de Salekhard

Del extremo norte ruso.

París.


El marqués de Sade

Lunes, 26 de febrero de 2024

La exécution de su testamento dio ocasión, a las diez de la noche, de homenajear el CXLV aniversario de su muerte. El día 2 de diciembre de 1959, fue el ¿acto surrealista más solemne, multitudinario y enjundioso de la posguerra? y, sin lugar a dudas, el más públicamente afamado con André Breton, Julien Gracq (sí, sí por una vez abandonando su retiro casi monacal), André Pieyre de Mandiargues y su mujer Bona (sin motocicleta), Edgar Morin, Victor Brauner, Octavio Paz, Matta… El enigma del objeto matemático ¿permite leer incluso la ciencia como una novela?

Los que no estuvieron, quisieron estar. Puesto que un canguro bien domado solo fuma cuando duerme.

Era la época desacomplejada en que Georges Bataille hacía su apología «sadista» en El erotismo; cuando Pierre Klossowski, el hermano de Balthus, aseguraba que Sade era su «prójimo»; que Maurice Blanchot declaraba al divino Marqués «profeta»; que René Char se entusiasmaba por el amor, gracias a Sade, «escapado del salvavidas del cielo».

Todo ocurrió en el domicilio de la genial poetisa, fiel al café surrealista La Promenade de Vénus (y vencedora de carreras olímpicas), Joyce Mansour. Días antes, cuando creí ir al modesto domicilio de la poetisa, me recibió su mayordomo español con uniforme y guantes blancos como el de su vecino, el constructor de aviones Dassault.

¿Quién hubiera podido pensar aquella noche del homenaje a Sade que, años después, el poeta Pier Paolo Pasolini, sentado en un café de la piazza del Popolo, me iba a proporcionar la salida de mi tremendo atasco?:

—Sabes que me he enamorado de Italia. La he recorrido con los productores intentando encontrar el marco para mi tercera y próxima película, pero el país es tan hermoso que no he encontrado ningún «sitio» para poder realizarla.

—Vete a Matera, es más española que las coplas de Jorge Manrique.

Era el marco que requería la película en aquellos tiempos de dictadura.

A poco de terminar le pregunté:

—Pero ¿te has leído realmente ese horror nauseabundo de las 120 jornadas de Sodoma?

—Nunca, Fernando, ni antes ni después de hacer la película leí ese libro.

(Se preguntaba si era ateo a pesar de sus dudas).

Se tiraban los dados

Martes, 27 de febrero de 2024

¿Demasiado pronto para ser cierto? En la polis griega la palabra (la fuerza de persuasión) era preponderante. Hicieron una divinidad de Peito: el debate contradictorio y la argumentación aseguraban la prominencia. Sin la vía ancha de las falsas promesas, los insultos y las difamaciones, ¿todo se relacionaba con el logos? No temían los razonamientos contradictorios ni las paradojas irresolubles de las especulativas aporías. A lo imposible, ¿se tiraban los dados? […].



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