Así comienza… Apud. Textos críticos sobre Arte Casual en la obra de Ferrer Lerín, Joaquín Fabrellas, coord.
Apud. Textos críticos sobre Arte Casual en la obra de Ferrer Lerín I Coordinación y prólogo de Joaquín Fabrellas I Con textos de Francisco Ferrer Lerín, Juan Buil Oliván, Juan Manuel Molina Damiani, Joaquín Fabrellas y Carmen Aguayo I Arte, teoría del arte, poesía I ISBN: 978-84-17231-60-6 I Thema: ABA – AF I 210 x 150 mm I 118 págs. Imagen de cubierta de Fran Ferrer.
Prólogo
Joaquín Fabrellas
(Fragmento).
Este volumen surge del interés provocado por la obra escrita y visual leriniana, y junto a la Exposición comisariada por la docente Carmen Aguayo, dicha muestra tuvo lugar en la Biblioteca pública de Jaén en el mes de abril de 2024 sobre Arte Casual. Término acuñado por el escritor Francisco Ferrer Lerín en 1984, (véase el Manifiesto en Adenda), el cual se refiere a toda manifestación artística que tiene que ver solo con la experiencia del observador, de manera subjetiva, de un objeto, instalación o montaje, ajeno a la intención artística, y que, sin embargo, en su conjunto, puede ser valorada como tal.
Además de esta Exposición, se contó también con la aparición del libro Atlas de Arte Casual, publicado por Jot Down Books en 2024, donde se daba una cumplida cuenta de algunas de las más recientes manifestaciones de AC, y dicha obra viene a sumarse a la anterior publicación: Arte Casual, (Athenaica, 2019), donde una serie de teóricos y artistas comparten sus experiencias críticas sobre este concepto tan dúctil.
Por otra parte, la Exposición de AC en Jaén, viene a sumarse a dos Exposiciones anteriores, la primera, en el MACE de Ibiza en 2016, y posteriormente, en Málaga, en el Rectorado de la Universidad, en 2018.
Esta reciente Exposición de Jaén ha servido para que una serie de críticos y escritores, consideren y escriban sobre las raíces del AC que se encuentran diseminadas en la obra literaria de Ferrer Lerín y cómo ha podido así influir este concepto en su obra lírica, y viceversa.
Asimismo, tratamos de explicar aquí los vínculos con las escuelas europeas de vanguardia, como pondrán de manifiesto Juan Buil en su trabajo, o Carmen Aguayo, tratando de vincular el AC con las escuelas francesas de la entonces incipiente fotografía del siglo XIX y con artistas como Brassaï, Man Ray, o con escuelas de pintura contemporánea como la de Antoni Tàpies.
Molina Damiani por su parte hará una semblanza entre lírica y crítica sobre la figura de Ferrer Lerín, donde el humor es la clave, como en gran parte de su obra.
Ferrer Lerín nos dará su visión sobre el fenómeno del AC y de las distintas secciones de las que hemos venido hablando.
Se consideró además, en las diferentes conversaciones previas a la Exposición, la posibilidad de hablar del autor como artista total, y de eso habla el propio Ferrer Lerín en el primer texto de esta serie, ya que su obra, no solo se circunscribe a la escritura, sino que, además, recopila material heterogéneo, observa atento la realidad circundante, relata los sueños, contorsiona el cuerpo, convierte el grito en trazo, mezcla géneros, combina lo visual con lo escrito y, en lo escrito, hace acopio de material reservado para otros menesteres que él usa como literarios; se trata pues de una gran mezcla de texturas, capas, filtros, profundidades léxicas, visuales, oníricas, sensoriales, fonéticas, que proceden de una gran variedad de fuentes; preocupaciones estas que tienen que ver con la preparación total similar a la que hacen otros artistas, pintores, dibujantes o escultores para llevar a cabo su labor.
No solo la preparación de todas estas técnicas, sino que Lerín lleva a cabo otra serie de manifestaciones artísticas que conviven en su idiosincrasia creativa, y que, de alguna manera, componen la variada gama de interconexiones que alternan y se suman a su ya arriesgada literatura liminar y fronteriza.
En la Exposición pudieron verse: Acciones, AC, Viñetas, dejando de lado, por ser algo plenamente literario, los casos, y aplazando para otro momento la reunión de los Alaridos.
Las Acciones lerinianas son «rigurosas alteraciones de la compostura humana», acciones que sobresalen de la normalidad, la apariencia de estar en un set de rodaje, la preparación de una escena, el motor de la creación.
El AC tiene que ver con un soporte fotográfico, la fotografía no es AC per se, sino que remite a ese lugar en donde se encontraba el objeto, la instalación o el desgarrón en la pared con forma de expresión abstracta que un espectador avisado descubre furtivamente, y eso se transporta en la foto antes de su desaparición definitiva.
Las Viñetas son, por su parte, una mezcla de texto e imagen, lo visual siempre ocupa un lugar predominante en la obra leriniana, desde el cine, como lenguaje plástico que conforma las estructuras sintácticas y narratológicas de los textos lerinianos, a las diferentes composiciones que conducen a la intrincada configuración estética de nuestro autor.
Los casos son, como afirmó en su libro Casos completos (2023) Antonio Viñuales, un género de honda raigambre castellana, ya desde el Lazarillo se puede ver el relato del caso, pero que Lerín transforma con mano decidida en un género propio y va desde el informe científico al subgénero policial, o al estricto informe comercial, aséptico, que también está presente en ciertos relatos.
Los Alaridos, por su parte, son recurrencias fónicas, donde el significante predomina sobre el significado, recuerdos, imitaciones fónicas de momentos alejados en el tiempo, desde la infancia, hasta el presente, que Lerín reproduce como el chamán de una tribu única, sonidos de animales, maldiciones, el nombre de ciertos vagabundos, conversaciones inexistentes o mugidos de bisonte. [https://soundcloud.com/ferrer-lerin]. […].
1.–Palabras previas sobre la cuestión del ac,
Viñetas, Acciones y Alaridos
Francisco Ferrer Lerín
(Fragmento).
Mi huida a Jaca en 1968, como tantas otras, obedece en primer lugar al agotamiento de una fórmula; Barcelona comenzaba a adoptar pautas regionalistas, a no diferenciarse ya de Cataluña, con lo que esto supone de carga reaccionaria. En segundo lugar, el desarrollo efectivo de la pasión por la ornitología de campo, que en aquel momento me embargaba, encontró su cauce idóneo en la realización de un trabajo, la confección de la primera lista patrón de aves pirenaicas y la recuperación de los muladares, en una institución como el Centro Pirenaico de Biología Experimental, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas. La huida trajo consigo, efectivamente, la separación de mis compañeros barceloneses poetas y el abandono, que duró treinta y tres años, del ejercicio de la escritura literaria, pero eso fue algo, desde luego no buscado, a lo que no di importancia alguna ya que hasta aquel momento el ejercicio de la práctica poética escrita no me suponía el más mínimo esfuerzo, era algo que no valoraba en ningún sentido, alejándome con esta postura de la de mis compañeros de «generación» que parece que vieron desde el primer instante que su vida laboral iba a ser la de poetas, poetas que conseguirían galardones y prebendas sinnúmero… meta que algunos alcanzaron. La huida al Gran Sur, a mediados de los ochenta, tuvo su razón primera en cuestiones familiares y, luego, en razones que podría denominar paisajísticas, la sensación de que el Pirineo ya no me emocionaba, y fue en la provincia de Jaén, mientras redactaba mi tesis doctoral, en las horas de descanso de esta tarea, cuando al salir al campo para la observación de aves, pergeñé el Arte Casual (AC), redactando un manifiesto y comenzando a registrar fotográficamente las manifestaciones de ese concepto artístico que, explicado de modo sucinto, trata de poner en valor, de definir como Arte, los objetos, los grupos de objetos, las manifestaciones, producto de la mano del hombre, pero ahí situados sin intencionalidad estética, que impactan visualmente en el ojo del observador atento, que producen placer en esa mirada curiosa, que crean el hecho artístico en un sujeto sensible y con cierto conocimiento del Arte Contemporáneo. AC es un arte colectivo, sin autoría única, es una herramienta para apreciar, disponiendo de un rótulo, de lo que muchos ya apreciaban sin rotular, sin que existiera una sistematización.
Con motivo de la exposición sobre AC que durante tres meses se mantuvo en el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza, ya se ensayaron etiquetas parecidas para ser considerado por parte de la crítica como artista total, tanto en el catálogo de la exposición como en los intercambios verbales con teóricos y periodistas de la cultura. Y aunque sorprendido al principio, fui dándole vueltas a la idea hasta convencerme de que la técnica empleada en mi escritura participa en gran medida de la empleada en la concepción y desarrollo de la idea para la que acuñé el término AC, es decir que el uso del azar, del hallazgo casual, propicia la reutilización de materiales sin vocación artística y su posible conversión en obras de arte. A este respecto señalaría la escritura en 1959 del poema titulado «A un billete de autobús», publicado en el libro Edad del insecto (Barcelona, 2016), que ilustra a la perfección el proceso del uso de material carente de entidad poética, en esta ocasión un billete de autobús como sujeto de un poema, un poema menor, una cancioncilla casi infantil si se quiere, pero que no deja de figurar en un poemario, aunque sea gracias a la opinión indulgente del antólogo, el profesor Javier Ozón Górriz.
Por otra parte, definí las Acciones como «rigurosas alteraciones de la compostura humana» en un intento quizá desesperado de justificar, ante el universo de la Normalidad, ciertas imágenes que pueden conducir al espectador convencional al rechazo o, lo que es mucho peor, a la burla y al descrédito, como fruto de la incomprensión. De siempre he intentado alejarme de las conductas repetitivas, de las que no son capaces de aportar nada nuevo, de las que nos gratifican con modelos gestuales, frases televisivas y latiguillos propios de las clases pasivas.
Algunos de los subgéneros literarios en los que me he movido en estos últimos años (Paleografías, Series, Necrologías, Casos, Diario, Recuperaciones) tienen, como material de base, elementos sin vocación poética, ni siquiera literaria en una concepción más amplia. El tratamiento de esos materiales devela, a veces, una capacidad, una potencialidad desconocida en los mismos, que produce resultados aceptables.
El escritor al uso, el ramplón ojeador, el flâneur inválido, no tiene cabida en la nómina de los seguidores de las vanguardias literarias para las que es necesario realizar un esfuerzo por parte del receptor, del destinatario.
Siempre, el artista intenta dar un paso adelante, intenta, aunque muy pocas veces lo consigue, abrir las puertas de la creación a nuevas experiencias, pero, en el caso del AC, no sólo se dan estas circunstancias, sino que su génesis, efectivamente, se origina en las aguas revueltas del asombro, del hallazgo, de lo inesperado, aunque, claro está, todo ocurre bajo el paraguas protector de un background específico, de un interés, a ser posible desmedido, por las corrientes más profundas y recientes de las artes plásticas. […].
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