Amador Palacios reseña Épocas de grandes lluvias, de Antonio Fernández Molina




Es un placer para nosotros compartir la reciente y luminosa reseña que el poeta y crítico Amador Palacios ha publicado en elDiario.es sobre una de nuestras apuestas más queridas: Épocas de grandes lluvias, de Antonio Fernández Molina.

Este texto llega en un momento simbólico, justo cuando conmemoramos el vigésimo aniversario del fallecimiento de este autor polifacético —poeta, narrador, pintor y pieza clave del Postismo— cuya obra sigue latiendo con una vitalidad asombrosa.

La suerte de ser editado (y comprendido)

Conviene rescatar la reflexión con la que Palacios abre su artículo: la curiosa «suerte» de un autor que, décadas después de su partida, sigue encontrando lectores y editores comprometidos. Palacios señala que Fernández Molina ha encontrado en Raúl Herrero y en Libros del Innombrable el refugio ideal para que su obra no caiga en el olvido, destacando publicaciones previas como Solo de trompeta o la recopilación de textos críticos coordinada por Ester Fernández Echevarría.

Sobre esta nueva entrega, el crítico afirma:

Esta edición de Épocas de grandes lluvias reúne los breves relatos de Fernández Molina, compilando todos los libros donde se publicaron estas escuetas narraciones. El poder de su escritura, y de su pintura, fue siempre altamente imaginativo.

El humor como «locura inventada»

Palacios ahonda en la filiación postista de Fernández Molina, recordando que el humor no era para él un mero adorno, sino un paradigma vital, una «risa zen» o una «locura inventada». Este espíritu permite que lo imaginario se convierta en real y viceversa, sin perder nunca la elegancia del lenguaje.

Un ejemplo magistral que destaca la reseña es el microrrelato «La pipa», donde el autor narra la metamorfosis de un hombre célebre en un árbol:

Rápidamente, brotaron ramas de pipa, rodearon su cuerpo y adornaron su cabeza a modo de corona. Las raíces lo sujetaron al suelo. De esa forma, el hombre célebre aportó un árbol a su pueblo natal (...) y él pudo tener un monumento.

Esta capacidad de transformación es comparada por el catedrático José Luis Calvo Carilla (prologuista del volumen) con las visiones de Góngora, subrayando que Fernández Molina «trueca objetos (...) sin alterar la magia del producto resultante».

Maestría en el lenguaje y homenajes literarios

La reseña también se detiene en piezas de una carga emocional más sombría, como «La viuda», donde se evidencia que Fernández Molina era, por encima de todo, un prosista excepcional:

Paso el tiempo –cuenta la viuda- arreglando los armarios y los baúles. La ropa está desordenada desde siempre (...). Tal vez el idioma que ellos hablan sea ininteligible para mí.

Palacios concluye resaltando la conexión de nuestro autor con Gabino-Alejandro Carriedo, a quien homenajea con el relato Cómo amaestrar, distraer, convencer a una sardina, un delicioso disparate conceptual que sigue la estela de las vanguardias más libres.

Fe de erratas y precisión histórica

Como nota curiosa y necesaria, Amador Palacios aprovecha el texto para corregir una pequeña confusión nominal en el prólogo del libro (donde se le cita erróneamente con un apellido extra), recordándonos la importancia de la precisión en estos «supercollages» literarios donde las familias de sangre y de letras a veces se entrecruzan.

Desde Libros del Innombrable, agradecemos a Amador Palacios su mirada atenta y su constante apoyo a la difusión de la literatura imaginativa.

👉 Puedes leer la reseña completa aquí:

Antonio Fernández Molina, gran imaginativo - elDiario.es


Para más información sobre Antonio Fernández Molina:

Para más información sobre Épocas de grandes lluvias:


Comentarios